Y de pronto, encuentras a alguien especial. Alguien con quien hablar resulta natural. Y las palabras fluyen. Hasta las malas palabras. Hasta las verdades incomodas. Y tus miedos. Y te vas curando. Y aprendes a ser mejor. Esas personas, no deberían irse nunca.
Al amor no lo espero y tampoco lo voy a confundir con un tropiezo; al amor lo conozco, me lo aprendí de memoria, sé lo que tengo que saber de él, incluso sé que no está ni estará conmigo.
No necesitas convencer a nadie de absolutamente nada. Porque no importa cuanto lo intentes, hay gente que jamás va a comprender tu historia, tus dificultades ni todo lo que te esfuerzas. No le debes nada a nadie, si hablan sin saber, tú sonríe.